El verdadero Benedetti
En una de las repugnantes novelas de Donna Leon, el inspector no-sé-qué investiga el suicidio de un poeta veneciano de cierto renombre local. Todo el mundo está muy extrañado: parecía feliz, no le había sucedido ninguna desgracia reciente, seguía con sus hábitos… Para buscar más pistas, el inspector lee sus últimos libros. Descubre a un hombre desesperado, que hace tiempo que se ha despedido del mundo. La conclusión del inspector es que NADIE había leído sus últimos poemas: los premios municipales, los homenajes, las glosas laudatorias en los periódicos… Todo era inercia. Nadie había descubierto al obvio suicida que había escrito esos versos de despedida, porque nadie los había leído.
Con Benedetti sucede, mutatis mutandi, un poco lo mismo. Su imagen de abuelito dulce, apasionado y comprometido es desmentida rotundamente por la producción de sus últimos quince años. Sus últimos libros, de hecho, son auténticos ejercicios de ignominia, tanto sentimental como política. En particular, los referidos a los escarceos amorosos del ya por entonces provecto uruguayo son de un resentimiento y crueldad inauditos; de algún modo, se sitúan en el reverso tenebroso del celebérrimo romanticismo (un tanto ñoño) de “Táctica y estrategia” o “Corazón coraza”. Copiamos y pegamos “Díptico de la pasión peor”, del libro “La importancia estratégica de la realidad”, de 2002.
DIPTÍCO DE LA PASIÓN PEOR
Que su semen se te estanque
en algún recoveco inaccesible
de las paredes del coño
y se pudra y se necrose
y que envenene tu sangre
cuando él te beba
y que carcoma su dentadura…
Pero, por lo demás,
que todo te vaya muy bien,
mi amor.

“El verdadero Benedetti”