Son ellos
Gritan, jalean. Esa manera tan suya de charlar gritando. Se insultan (”eres un hijo de puta”) a la vez que se reparten abrazos. Son bajitos y morenos (¡si parecen moros!). Hablan un inglés muy malo (i go house). Visten raro, como del siglo pasado. Hablan brusco, gesticulan demasiado, incapaces de mantener las formas más suaves de los europeos. Altisonantes, no se respetan el turno de palabra; aún así, parecen entenderse o simulan hacerlo. Se hacen notar en cualquier lado (en el metro, en los bares, en un parque). Los del sur critican a los del norte, los del norte a los del centro, los del centro a los de noreste y los del noreste no quieren ser como ellos (y en el oeste, menos mal que…). Rechazan símbolos, himnos, banderas, santos (los unos los de los otros). Sin embargo, aunque no se identifiquen como tribu, son fácilmente reconocibles si se juntan en el extranjero. No lo llamaré identidad, pero cuando viajan se parecen demasiado. Muy a su pesar, y también del mío. Son ellos (¿sabéis de quién estoy hablando?)*
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“Son ellos”