Teoría del enemigo
No hay que darle muchas vueltas a la cabeza para comprobar que los enemigos se quieren o, al menos, se necesitan: Nadie sale más beneficiado de un ataque veraniego de mosquitos que la empresa que fabrica el veneno para asesinarlos; las empresas informáticas fabrican virus y los correspondientes anti-virus para exterminarlos; ETA lleva años, mano a mano con la derecha española, haciendo oposición directa a una posible independencia del País Vasco. ¿Y qué decir de Ben Laden o Pyongang?…
Hace tiempo que me quité el último odio irracional que me quedaba: era al Real Madrid. Había estado años perdiendo el tiempo en mostrar todo mi desprecio (y regocijo ante sus fracasos)… un día, a media tarde, me pregunté: ¿por qué coño odio al Real Madrid desde pequeño? ¿Y a mí qué demonios me importa? Comprendí entonces que tener enemigos sólo sirve para perder el tiempo, para buscar excusas con las que cubrir tanto vacío y aburrimiento y tan pocas ganas -¡qué pereza!- de ser constructivo (siempre es más cómodo quejarse, destruir, aniquilar, criticar, de eso no hay duda)
Por eso, cuando fui consciente de tanta perversidad, decidí no tener enemigos. ¡Conmigo que no cuenten! ¡Que se jodan!

“Teoría del enemigo”