Walter Buscarini

Lecturas para Bostezar (XI). Hoy, Historia del Mediterráneo, de John Julius Norwich

2009 9 Junio
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El tal Norwich pertenece a una especie que sólo existe en Inglaterra (y por eso mismo un inglés ha tenido que escribir este libro mediterráneo; Manuel Vicent, por ejemplo, se hubiera agotado en “el estruendo de las chicharras que protestan contra el bochorno estival” o similares): el historiador erudito -y superventas- que escribe muy bien, entretiene mucho y dota a la peripecia de un trasfondo moral atrayente, entre la ceremonia, la aventura y el sentido del humor. Eso sí, muy a la antigua (y sin complejos): nada de estructuras o –todavía menos- conflictos sociales: lo único que importa son las grandes personalidades, los Heróes de Carlyle: el s.XIX español se explica por la ninfomanía de Isabel II y la invasión de los hunos por la asquerosa costumbre de Atila de calentar la carne cruda un poco más acá de los testículos, justo debajo del perineo, para que se quedara más blandita.

Aunque lo peor es que puede que el mundo funcione así. El respetadísimo filósofo y alcalde de Venecia, Massimo Cacciari, ha afirmado que la resurrección política de Berlusconi se debió muy probablemente a su descubrimiento del Viagra, que le hizo comprender que “todavía podía con todo”. Las recientes fotos publicadas por El País (una especie de tardía venganza por los desmanes de los veteranos de Abisinia en el 38) demuestran que estas peculiares invenciones farmacológicas de hecho pueden suponer el advenimiento final de la gerontocracia, tan practicada por ejemplo durante la edad de oro de la Serenísima República de San Marcos. Y es que, como diría Agustín García-Calvo, ya sólo nos faltaba eso: que los poderosos disfrutaran de la capacidad perenne de dar por saco.

Clasificado como Daría Barbate



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entre el estupor y el desenfado