Walter Buscarini

La cama de mi infancia

2009 1 Septiembre
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Cada vez que regreso de un viaje considero que he aterrizado sano y salvo cuando me tumbo en la cama de mi infancia. No importa que ya no viva aquí, siempre es el primer punto de contacto necesario. Me estiro sobre ella, me quito las gafas, estampo la miopía sobre el techo (donde un amigo grafiteó hace años ‘forever’) y resoplo. Volví a sobrevivir. Aquí de nuevo.

Después me entra una sensación difusa. Me pregunto porque decidí un día levantarme de la cama de mi infancia para ir al colegio. A partir de ahí sólo vuelvo a ella de vez en cuando. Cierto que me hubiese perdido los potes donostiarras, los acantalidados norilandeses, los besos tapatíos, el video-club de Tinajo, los libros chilangos, el jai alai de Markina, la avenida peris y valero, los grafitis de Berlín, la cascada de no sé dónde, las ruinas mayas (son los mayas los que amenazan ruina), los amaneceres guatemaltecos, los huracanes hondureños, los hospitales cubanos, la tediosa teína saharaui o las noches de Lavapiés. Sin embargo, cada vez que regreso pienso que no hubiese pasado nada si me hubiese quedado aquí, postrado ‘forever’ en la cama de mi infancia (debe simbolizar el útero materno). Pero una fuerza extraña me obliga a seguir levántandome cada vez que vuelvo, agarrar unos calzoncillitos de la mesita de noche, ajustar las chinchetas del poster de la Real Sociedad campeona de la Copa del Rey en 1987 (todavía jugaba Larrañaga),  limpiarme el cepillo con los dientes, quitarme pelo de las orejas, robar un yogurt de la nevera, sonreir a la cheperudeta, … y rastrear las huellas que dejarán mis pasos. Porque somos camino… puto camino.

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2 comentarios en...
“La cama de mi infancia”
picci

Sí, este era el texto que buscaba!!


picci

gracias :)




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entre el estupor y el desenfado

© 2008-2010 (Revista Bostezo) - Actualizado: 07/07/2012