¿Hay alguien ahí?
Llevo unas semanas algo grisáceas, algo debe cambiar cuando he pasado más tiempo en cajeros automáticos y oficinas de correos que en barras de los bares… oye, ¿me lee alguien? Igual me he quedado solo.
Pensaba en esta noche aciaga cuál debería ser a partir de ahora la función de este blog, ahora que mi tiempo virtual lo absorve el maldichoso facebook… el blog ha quedado como una tribuna donde un servidor emite sus comentarios a la espera de los silencios de sus -supuestos- followers (como diría Gong Duruo). En fin, estoy en un pulpito alimentando mi ego a nadie, supongo. ¿Sabéis qué? Debería plantearme empezar a escribir con seudónimo. Mi figura pública me desfigura mi yo interno y os prometo que disfruto mucho más éste que el otro.
Oye, pues eso, que nos vamos de excursión a Barcelona y luego a Madrid y luego a no sé dónde… Bostezo fluye, a veces por un cúmulo de azares (como definió hace poco Santiago Alba Rico al proyecto Bostezo), otras por el tesón y la tenacidad de los que seguimos embarcados en esto (ha pasado año y medio y todavía nadie se bajó del burro, así de tercos somos). El proyecto es solvente, y si me preguntan el secreto: porque la mayoría de capital invertido es humano.
Oye, pero, ¿hay alguien ahí? ¿Cerillín? ¿Picci? ¿Me oís?

“¿Hay alguien ahí?”