Leer Bostezo
De repente, entre el murmullo, una conversación que parece interesante. La deshecho. Llevo cuatro días, amigos míos, que si me sacáis de la lista de la compra me vuelvo turulato. Ahora observo con cierto desdén los libros que acumulo sin leer sobre mi cama (duermo con ellos, esperando el momento liberdador de poder adentrarme en nuevos escenarios), la ropa me indica el camino hacia la cocina (me desvisto en los pasillos antes de apoltronarme en la horizontalidad). Y, de repente, en mi mente, re-surge la pregunta: ¿Cuánto vende bostezo? No sé, sinceramente, a veces creo que mil o doscientos o cincuenta o mil doscientos cincuenta o absolutamente nada (esto es como todo: volví a escuchar el grado de peligrosidad -¿cómo se puntua el peligro?- en México, en Colombia, en Chechenia; a mí, señores, lo que realmente me da pavor es esta vida que llevamos). Intento controlar la situación, encontrar el diálogo adecuado en el momento preciso para la coyuntura exacta dentro del perfil idóneo. A veces mi ser sociable se descalabra; menos mal que la naturaleza -tan cruel con mis dientes- me regaló una sonrisa de cabroncete bueno (me lo dijo un hijoputa de bar que, si no fuera por eso, insistía que hacia ya un rato que me hubiese partido la cara).
Y de repente, resurge otra cuestión. Jesús (siempre atento a los acontecimientos) recoge el guante: ¿Quién lee Bostezo? ¿Realmente su lectura significa algo revelante o pretendemos convertirlo en un producto comercial más, de esos que se adquieren sin concebir siquiera de refilón su valor subyacente? ¿Qué pretende Bostezo al publicar esos textos y no otros? ¿Alguien lee Bostezo realmente? ¿Se puede cuantificar el ‘leer’? ¿Me he leído el Quijote o solo he pasado, una tras otra, todas sus páginas? ¿Sirve de algo la lectura de Bostezo? ¿Se aprende o desaprende con alguno de los textos? ¿Cuestionamos nuestra perspectiva de las cosas con la lectura de ninguno de ellos? Gracias señor Ge por abrirme nuevas vías de pensamiento para seguir bostezando.
Frente a las ventas y los números, que prevalezca la lectura consciente como trasfondo. Queremos ofrecer una publicación enrevesada, donde no quede claro posicionamiento pre-establecido, una observación participativa de lo que nos rodea y ofrecérsela al potencial lector en forma de potencial lectura. ¿Lo estaremos consiguiendo? Nada de esto tiene sentido si, aunque la compren, no se sumerjan en, al menos, uno de sus textos o no sientan absolutamente nada al hacerlo. Esta noche, dudo.
Y con esto me acuesto. Estuvo muy bien lo de hoy (como siempre, la exposición prolongada de mi ser social me provoca cierto desgaste, pero entre amigos lo llevo mejor). Gabon y gracias.

“Leer Bostezo”