Walter Buscarini

¡Qué bien vive la bohemia!

2010 17 Agosto
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Encuentro fortuito (por imprevisto) con Héctor en Mallorca. Ya supondréis: pormenorizado repaso de nuestras últimas lecturas, apacibles paseos al atardecer por el paseo marítimo, estrambóticos planes de regicidio, detallada planificación y puesta en común de nuestras apretadas agendas otoñales, visita cultural a capillas templarias del siglo XII con cucarachas muertas sobre el altar, desvengonzado asalto y derribo del backstage de un festival a orillas del mar.

En medio de rutinarias escenas vacacionales de futuros hoolingans del Southampton, sudamos la gota gorda buscando, otro día más, motivos para seguir adelante en la generación de espacios de oxígeno mental, a pesar de las innumerables razones que aconsejan una vida de inquebrantable fe en anuncios, bancos, encuestas de opinión y telediarios. Y para el desarrollo personal, horarios industriales y vacaciones pagadas con la minuciosa recolección de 300 envases de Fanta o 1000 llamadas con Movistar (eso que llaman ilusión contemporánea).

En medio del bullicio, con la noche convertida en sado-hedonista pandemonium, repostados desequilibrantes sobre una balaustrada marítima, agitamos con rabia los brazos en señal de enaltecimiento de la ignominia, como si estuviéramos frente a 150.000 entregados feligreses berreando Bos-teeeeeee-zo, bos-teeeeee-zo, hec-tor-ar-nau, hec-tor-arnau. La masa hace como que no nos mira (pero sentimos sus reojos). ¡Cloc, cloc! Nos hacemos fuertes, guardianes de tanta fragilidad.

Verbalizamos el hartazgo que nos provoca el mundillo cultural. Nos conjuramos para dos últimos proyectos: una edición de lujo de Vicent Andrés Estellés en euskera y gira final del fracaso total DF-Patagonia.

Después de esto, nada, bye-bye. Ya no habrá más.

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entre el estupor y el desenfado

© 2008-2010 (Revista Bostezo) - Actualizado: 06/12/2011