Postriste-alegre
Ayer fue un día convulso…. algo cósmico quizás, en un plazo de tres horas tuve que posicionarme a nivel personal sobre cuestiones que, directa o tangencialmente, estamos preparando en el dossier del segundo número. Una recolecta para sufragar un aborto (un tema en el que cada vez tengo las ideas menos claras, si es que todavía tengo alguna al respecto); una colega desconcertada porque el compañero de trabajo con el que había estado trabajando codo con codo contra la violencia de género (incluso les habían dado un premio) había sido denunciado por malos tratos a su mujer; la sospecha de que el calendario 2009 que distribuimos gratuitamente aquí en el pueblo estaba siendo revendido por unos tipos que decían estar sacando fondos para niños necesitados. Me faltaba la llamada de mi ‘hermano’ saharauí que vive en Cuba para pedirme colaboración asistencial en la operación de su hermana pequeña de no supo decirme bien qué organo. Entre tanta vorágine de pensamientos y sensaciones se me cayó un diente, pero podréis entender que fue lo de menos.
Todo esto mientras aquí, en oficinas Bostezo, estamos dándole forma al dossier La posibilidad del altruismo.
Por la noche despedí a una de esas personas que aparecen de forma sigilosa, te acompañan un trozo de camino y se marchan irremediablemente con la agridulce sensación de que todavía nos faltaba otro cacho por recorrer. Desde ayer y para siempre, el mapa de Lituania será una cara.
Parece este un post- triste, pero no lo es. Los irlandeses me enseñaron a reirse de sus penurias, a no perder la alegría mientras narraban las historias más aciagas. De los mexicanos aprendí a flexibilizar, a que todo podrá salir rematadamente mal y no pasará absolutamente nada (’ni modo’ lo llaman). La ironía es melancolía positiva. Me niego a contaminarme por tanta mezquindad y mediocridad que observo por doquier. Sigo buscando motivos para tirar para adelante, aunque a veces me parezcan más bien excusas… aún nos quedan bastantes estímulos (la vida es juego, no nos queda de otra: o apuestas o te quedas fuera del tablero, carcomido por el aburrimiento y el miedo). En este subidón sensorial me acompaña, desde hace una semana, la voz desgarrada de Marianne Faithfull (gracias Dani). Y ‘La vida, instrucciones de uso’, de Perec, que saqué el otro día de la Biblioteca de Valencia (un lugar, por cierto, con el que mantengo una relación de amor-odio que ya os relataré)

“Postriste-alegre”