Walter Buscarini

Madrugón

2009 13 Marzo
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A veces me da por madrugar. Así, sin más, sin ninguna necesidad ni porque nadie me lo exija… afortunadamente, es una práctica que dejé de ejercitar asiduamente en junio de 1993, fecha en la que abandoné el instituto. A partir de ahí no me he visto en la obligación de madrugar nunca mais, salvo en dos breves periplos que van entre mayo y septiembre del 2004 y marzo y diciembre del 2006. El resto, algunos días sueltos. Definitivamente, somos noctívagos, como le gusta decir a Héctor; a veces él y yo nos llamamos entre semana a las 3 de la madrugada a sabiendas de que algún tempestuoso pensamiento perdido en la esquina del cuarto nos mantendrá despiertos a esas horas. Les confieso algo a los madrugadores crónicos: las noches del noctámbulo también son putas, mi señoría.

Y sin embargo, quizás por eso, a veces practico el madrugón como hobby (es como meterse en un yacuzzi o una sauna de vez en cuando, lo disfrutas mucho más que si lo hicieses asiduamente). Son las 6.47 y acabo de ir a la panadería a comprarme un donut. Me he puesto la chaqueta por encima del pijama (porque mi intención es volverme a acostar cuando acabe este post-). He tenido buenas sensaciones en la calle, todo se me ha hecho muy armonioso, la gente parece muy contenta a estas horas yendo a sus trabajos o a guardar cola en el paro, hasta creo que los vecinos con los que me he cruzado llevaban una sonrisa perenne en los labios (o eso me pareciere)… y los faros de los coches iluminan de forma amable, sin ánimo de molestar, y los intermitentes parecen más rítmicos que por la tarde. ¡Y qué guapa estaba la panadera, cincuentona fondona con pechos de esos que ya no se llevan! Le hubiese chupado un pezón con la excusa de la primavera.

Si no puedo transformar el mundo (y menos a estas horas), al menos soy muy libre de cambiar la visión que tengo de él (lo que a su vez provocará cambios)… se avecinan epidemias, guerras, psicosis, basura mental, ayer escuché este dato: en el 2222 sólo quedaremos 9 millones de europeos sobre la faz de la tierra, nos acercamos a una renovación de la especie que traerá consigo la exterminación de la raza más agresiva: nosotros. ¡Joder, qué bueno está el donut!

¡Ala, a la cama otra vez! Buenas noches, buenos días…

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entre el estupor y el desenfado