Lecturas para Bostezar (VI). Hoy, ‘Un rostro en cada ola’, de Luis Rosales
Los falangistas también lloran. Ésta podría ser una síntesis apresurada de la obra de Luis Rosales, uno de los poetas oficiales del régimen franquista. Extraemos un fogonazo de Un Rostro en Cada Ola, una de sus canónicas cumbres. Los 800 primeros versos se resumen en lo siguiente: el poeta recuerda su niñez; en un colegio de curas un energúmeno ensotanado le castiga por una minucia; el castigo consiste en vestirse de niña. Los últimos versos, a modo de clímax experiencial:
y viví en un dolor la vida entera:
al ponerme la enagua tuve la sensación de entrar por vez primera en la oficina,
al ponerme las medias sentí un dolor de parto,
al ponerme las bragas se me cayó una mano en el infierno,
y vi la mano arder,
y yo seguía vistiéndome sin manos.
Sí señor, así fue:
aún me dura la humillación,
el uniforme era tan largo en mi cuerpo de niño
como si me vistiera con la guerra civil,
y cuando todo estaba terminado
me puse en la cabeza un sombrero de niña
y aquel sombrero era la muerte de mis padres.
Colegimos que el travestismo no le sentó nada bien al pobre Luisito, que desde el título del poema advierte –inopinadamente- contra los excesos trágicos del autoritarismo: “Nadie sabe hasta dónde puede llevarle la obediencia”. También llama la atención la evocación de la oficina-infierno, más propia de vagos y maleantes que de miembros de las JONS. Pero sin duda el momento álgido del poema es la identificación entre el sufrimiento nacional bruto de la guerra civil y su pequeña aventura como drag-monaguillo, de un inmoralismo sublime, equiparable a las páginas más puercas de un Jean Genet.
Como contrapunto final (en este blog estamos por el adiestramiento gratuito en literatura comparada), copiamos unos versos de Rafael Sánchez-Ferlosio, también de abolengo fascistoide, pero que se por lo visto se tomó la experiencia de manera menos tremebunda. Con sanote humor metalingüístico:
Si en el quicio de la carne
la palabra se escindió,
niño niña, niña niño,
niño luna, niño sol.
