LECTURAS PARA BOSTEZAR, IX. Hoy, El Lamento de Portnoy, de Philip Roth
Un poco de name-dropping para situarse: entre Dostoeivski y Houllebecq, esto es, prosa egomaníaca y energúmena sobre la vileza moral de la condición masculina. Mejor que ambos -aunque suene a blasfemia con Dostoeivski- porque es mucho más divertido.
Aunque Portnoy sea un egomaníaco, Roth está a años luz del novelista que sólo quiere lucirse. El material se compone de lo único que se puede contar si no se es periodista o historiador: la propia vida, siempre tan aburrida. La de Roth también lo era, pero a él le sobró para escribir esta novela (vamos a ponernos estupendos) inmortal. Uno de los pocos casos en los que leer narrativa no es perder el tiempo.

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