Hoy cambié de peluquero
Ayer en Sevilla, mañana en Berlín. De paso por Valencia, decidí cambiar de peluquero. ¡Oh Dios mío! ¡Alarma! ¡SOS! La experiencia me dice que me resulta más facil cambiar de novia o de cepillo de dientes que de peluquero. El de antes me daba demasiada conversación y me hacía opinar sobre temas que me importan un rabano (el clima, estopa y valencia c.f., principalmente). Mi nueva peluquera (rollo unisex) sólo me dirigió palabras imprescindibles (cómo lo quieres? te pongo gomina? Son doce euros). Cambiar de peluquero implica -al menos para mí- inestabilidad, des-ubicuidad, ganas de fuga. Cuando dejo que manos diferentes a las de antes me corten el pelo es que ya no me siento identificado con el lugar en el que me encuentro (me pasó en Donosti, en Segorbe, en DF…) Es bueno ser consciente para tratar de combatirlo… me he tatuado en el cerebelo: ¡es-ta-bi-li-dad! ¡es-ta-bi-li-dad!

“Hoy cambié de peluquero”