¿Por qué te fuiste Jesús?
Ayer viernes me dí una vuelta por Valencia, algo que practico cada vez menos porque siempre me acabo liando en diferentes saraos y un servidor está convencido de que lo que más le conviene en estos momentos es relajación y sosiego (aunque desgraciadamente esa idea siempre me llega al mediodía del día siguiente, en el baño en resaca).
Pero no me quejo, la cosa estuvo divertida. Empecé con Pablo y Rafa, del periódico Diagonal (www.diagonalperiodico.net) y Eva Mañez, que presentaban el proyecto en Valencia, ciudad donde les está costando difundirlo a todos los niveles: distribución, suscripción, venta, colaboradores… Hubo charlas de militancia, protesta, lucha, movimientos sociales y esas cosas… luego me sumergí en un mundo más onírico: el de la poesía; Jesús, Fede, Victor, Nacho (gracias por la conversación, me hacía falta) festejaban el cumpleaños de una amiga de original manera: un recital poético
… si pasar de conversaciones militantes y reivindicativas a otras más relajadas y líricas me provoca cierto eslabón mental (cambio de roles y registro en lenguaje) más vertiginoso resultó el final de la noche… traté de seguir sin suerte (lo perdí) la senda de Jesús Ge, experto en retirarse siempre a tiempo, con una especial habilidad para intuir cuándo la noche empezará irremediablemente a torcerse (¿cómo lo haces Jesús?). Tratando de buscar un taxi para volver a casa, sentí ese cosquilleo de los berracos (Héctor sabe qué es eso), un picorcito -llámalo X- en las entrañas te incapacita para decir: “Ok, estuvo bien, dos tragos con buenos amigos, conversaciones amables y pa´casa”. No, señor, los berracos queremos adentrarnos en extraños vericuetos en los que, problabemente, no nos sentiremos a gusto pero una fuerza centrífuga nos obliga a buscarlos… Así fue como me introduje en un bar gay donde conocí a Vadi, un egipcio que me acogió como hermano por el hecho de tratarlo como un humano (me confesó que acababa de sufrir insultos racistas). Mi presencia le tranquilizó, fue él el que pagó todas las copas y el cristal (ya la habíamos liado!)… menos mal que, para la aminoración de nuestro progresivo embrutecimiento gestual y etílico, apareció Lisbeth, una mexicana de aspecto frágil y despistado que venía de una fiesta y todavía no quería irse a casa… alá pues! un egipcio, una mexicana y un aborígen, parecíamos sacados de un chiste, una broma intercultural,… ella y él representaban los estereotipos más amables que tengo tanto de árabes como de mexicanas: me encantan los árabes cuando manifiestan afecto de forma tan impulsiva, son temperamentales los tipos, gritan, jalean, golpean, apretujan… cuando Vadi me repartía abrazos de hermandad dudaba si lo que quería era estragularme por la espalda…El egipcio insistía en decirme que él no era maricón y que tenía la picha muy larga. Por su parte, las mexicanas se me hacen sutiles, hablan quedo, muy diplomáticas ellas, muy agradecidas incluso con el piropo agresivo… Porque claro el tal Vadi le acabó pidiendo matrimonio a la tal Lis, que lo rechazó amablemente mientras él trataba de besarle inutilmente de una manera tan brusca como tierna,… yo asistía a la escena (de la que me sentía responsable a nivel sensorial, tengo cierta propensión a juntar extraños) pensando por qué carajo no me había ido a casa cuando Jesús… El final de la noche pues, ya se imaginarán, lo de siempre en estos casos: la chica se fue, el árabe se quedó cachondo perdido, un servidor alegremente afectado por la ingestión nasal, una visita inesperada a unas marroquíes de Casablanca que vivían cerca. Estaban despiertas (aunque no me quedó muy claro por qué motivos); mientras subíamos las escaleras Vadi me informaba que eran dos putas amigas suyas que nos la chuparían por 20 euros (que ni él ni yo teníamos), pero que a lo más que llegaron fue a ofrecernos un té que, todo hay que decirlo, estaba delicioso… Desde un principio, Vadi abandonó actitudes grotescas y se mostró extremadamente respetuoso con las chicas (luego me dijo que una de ellas era cuñada suya),… se pusieron a hablar en árabe, lo cual agradecí. Sigilosamente, aproveché para desentenderme de la conversación y de la noche. Marché sin despedirme ni dejar rastro, como suelo hacer en estos casos…
Valencia nunca se acaba pero ¡Ya no vuelvo a salir! Bueno, a lo mejor mañana. Pero sólo un ratito…
