Walter Buscarini

El tal Snorri

2010 Marzo 26th
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Definitivamente, mi inglés (me) causa estragos,… Paso mi último día en Islandia (¿cuánto tardaré en regresar?) interesado en la figura de Snorri Sturluson, el escritor islandés más conocido (¿alguien lo conoce?). Leo en una guía de viajes (que estaba en el guesthostel donde pasé la noche) que reside en Reykholt, una pequeña localidad de 200 habitantes allá arriba, en medio de la nada. Estoy a unos 50 kilómetros y tengo a mi daihatsu blanco esperándome en la puerta. ¿Por qué no acercarme para conocer al escritor más importante en lengua islandesa? Si vive en una localidad de 200 habitantes y se dedica a escribir, seguro que tiene tiempo de sobra (incluso para malgastarlo conmigo). Seguramente me habrá estado esperando todo este tiempo. Me desafano de una austriaca (¿por qué hay tanto austriaco aquí?) que me invita a dar una vuelta y me piro para arriba. Antes me cercioro de que no hay manchitas marrones en el mapa de Islandia (no lo olviden: son glaciares). Y allá que vamos, mi colega el daihatsu y yo.

Cuando llego me sorprende que, debajo de la Iglesia mastodóntica (dos veces el tamaño del pueblo), haya un museo a la figura del tal Snorri. Sí, claro, con tal de invocar turistas, lo que sea. Jo, Snorri, como te lo montas, con museo y todo. El pueblo, como esperaba, es tranquilo, hace un viento de la hostia, un hotel de cuatro estrellas (cerrado), un… un… nada más (bueno, un par de granjas y algunas casas). Está rodeado de montañas, en Islandia es díficil no estar rodeado de ellas (Reykholt, un no-lugar, es el lugar de partida para muchos otros lugares).

Y así que aquí vive el tal Snorri, ¿qué pensará? ¿de qué se nutrirá? ¿cómo se inspirará? ¿cómo se lo monta un escritor en un pueblo sin bares? ¿dónde beberá licor islandés? ¿cómo será su vida? y sobre todo, ¿sobre qué escribe en un ambiente tan desolador? Está bien que el ejercicio de la escritura requiera de cierta sensación de abatimiento pero, disculpenme, Reykholt es demasiado.

Abducido por tanta duda (y tanta curiosidad) entro en el Museo del Snorri, pago las 700 coronas de entrada. Me atiende en la entrada un señor que se comporta de forma extremadamente amable conmigo (soy el único visitante del museo, quizás en las últimas tres o seis semanas). Por un momento incluso pienso que igual sea él, que me encuentre enfrente del mismísimo Snorri. Me excito un poquito. Aprovecho su predisposición para la conversación:

- Excuseme, i want to talk with Snorri Sturluson, is he living here?

- Sorry?

- Snorri Sturluson (trato de remarcar las consonantes), is he living in Reykhotl? i would like to be a interview (como elefante en cacharrería) with him

- With Snorri Sturluson? ¡he is dying in 1243!…

- Cómo? Qué la palmó en 1243? (trato de mantener la compostura), so, i can´t talk with him

- I think so

Me molesta que el tipo no se parta en ojal. !A ver, tío, me acabo de hacer un viaje de Godella a Reykhotl para entrevistarme con el tal Snorri y me dices que lleva más de ocho siglos muerto! ¿No piensas partirte el culo? Su cara se mantiene tensa, sin emitir ningún gesto reseñable.  Mantiene excelsa su amabilidad nórdica, seguramente obligado por mi condición de cliente que acaba de pagar 700 coronas por visitar su mierda de museo. He comprado también su pleitesía (y seguro que por unas 100.000 coronas me saca al tal Snorri de donde sea). Salgo al coche, repaso la guía de viajes y, en efecto, Snorri liveD in Reykholt. Debería dejar de leer en inglés como si todo fuese en presente. Regreso el camino andado como si nada de esto hubiese sucedido. Decido interrumpir bruscamente mis nunca iniciadas “crónicas islandesas”.

Paso la última tarde a remojo en The Blue Lagoon, un lago de aguas termales, rodeado de tierra volcánica, un lugar de naturaleza sensorial (se te mete en el gusto, en el tacto, en el olfato) convertido en referente turístico para extranjeros que visitan Islandia. Incluso la fábrica de aluminio que contamina con malos humos el paisaje volcánico le da un toque especial al lugar. Los voceros de la renta básica (dinero para todos) deberían añadir en sus peticiones que “todo ser humano tuviese derecho a pasar al menos un lunes de su vida en el interior del Blue Lagoon con la cara pringada de barro mientras contempla a macizas nórdicas chapoteando tímidamente el agua”. Eso sí, a ser posible, sin pagar los 23 euros que cuesta la entrada.

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De cómo huyendo de un volcán me metí en un glaciar

2010 Marzo 22nd
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Aprovechando que este blog -asfixiado por el facebook- ha quedado para colegas y tal os quería contar lo de hoy. Esta manhana me alquilé un cochecito por un par de días. La verdad que admiro la terquedad de mis pies o de una parte de mi espíritu que siempre me lleva a dar un paso más (llevaba cuatro días atrapado en un youth hostel de esos, ya había hecho amistades, esta manhana me hubiese quedado desayunando con Ceci, una canadiense, y James, un inglés. Buena onda). Me gustan estos youth hostels (aunque ya me estoy haciendo mayor para esto)… las chicas y los chicos comparten cuarto (no, Javi, no se montan grrandes orgías entre austriacas de pechos enormes y japoneses de polla chiquita y difuminada (-como en las pelis porno de los japos, que me lo han contado-, pero bueno, ya sabes, algo de alegría y despilfarro hormonal, sí que hay), el salón se convierte en un lugar de intercambio de frases sueltas y, lo que más me gusta, es que puedes estar rodeado de gente sin tener que decir nada a cambio.

Pero el caso es que me pillo un coche y !alá! vamos para allá, pa dónde? pa dónde sea! A mitad camino paro en una cafetería de carretera y la camarera me cuenta en inglés algo que parece muy terrible, pero que no acabo de entender del todo (mi inglés es algo paupérrimo, sobre todo si pierdo el contexto de la conversación). Lo que yo entiendo es que han raptado a una amiga suya y que las carreteras están cortadas y que hay helicópteros por todos lados. Cuando me cuenta que también han cerrado los aeropuertos, me digo: esto no puede ser, pero quién carajo es su amiga? Bjork? Ok, ok, sorry, moza, what happen exactly? I can´t understand! “Vulcano, vulcano is errupted”. Vale, entonces de amigas raptadas no se trata, es un volcán que ha empezado a vomitar. Me aconseja que no siga por ese way y le hago caso, por si las moscas (que aquí no hay, tampoco saltamontes,…)

Cambio de rumbo. Me dirijo entonces hacia el norte, sólo (así planeo mi hoja de ruta) porque hay un sitio que me hace gracia su nombre: Arnastrapi. Alá, pues vamos para allá! De repente, me meto en la Islandia profunda (una vez sales de Reykiavik, toda Islandia es profunda): que si viento, montaæanas, granjas desperdigadas, mucho musgo, lluvia, el cielo encapotado, gasolineras abandonadas, bares cerrados (sólo abren en temporada alta) y carreteras secundarias y algún caballito por ahí trotando (sin rastro de seres humanos).

De repente, me descubro escuchando un concurso radiofónico en islandés (lo intuyo porque son preguntas sobre los Simpson, hago aquí un inciso: me gusta escuchar idiomas que no entiendo porque siempre encuentro sonidos con significado en espanhol; os prometo que el locutor ha dicho en islandés una frase que sonaba: “este tío parece cordobés”) y subiendo una montaæa con mala pinta… pero, dónde voy?. Como la cosa se pone fea, pillo un desvio en dirección a un sitio que se llama Stykkishólmut, y la cosa se pone peor. Descubro entonces que las manchitas marrones que hay en los mapas de Islandia no son plantaciones de trigo. Son glaciares. Demasiado tarde…. en medio de una nevada, me veo rodeado de superficie de agua congelada. Sigo subiendo, cuando trato de frenar el coche derrapa. Me encuentro en un sitio espectacular, pero no lo estoy disfrutando (me entra algo de pánico, en lo único que pienso es en no frenar por si pierdo el control del coche y acabo bajo el glaciar). Lo positivo de los momentos de histeria vividos en soledad es que no necesitas escenificarla públicamente (lo cual sólo serviría para aumentarla); es como los ninhos cuando se meten un hostiazo: si nadie les ve, no lloran.

Así que por no querer usar el freno sigo subiendo y la cosa se pone cada vez más fea (empiezo a perder visibilidad de la que está cayendo y el asfalto empieza a desaparecer bajo la nieve y el hielo). Pasa algún coche, pero nada de coches pequeæitos como el mío, jeeps 4×4 con sus cadenas y ruedas más grandes se cruzan conmigo y me hacen luces que yo interpreto: dónde vas chiquillo con esa mierda de coche?

En un cruce intento parar (sacando mi brazo por la ventanilla) a un vehículo que parece de alguna institución salva-extranjeros-atrapados-en-un-glaciar. No me hace ni puto caso… decido jugármela (sí, amigos, yo no soy de ir a ver volcanes en erupción, pero sí de meterme en glaciares por pura dejadez)… allá que veo un jeep con una ruedas enormes que va en dirección contraria y cuando pasa a mi lado, !iiiiiiiiggggggg!, doy volantazo para dar media vuelta y seguir su estela (las huellas de sus super-ruedas con cadenas despejan algo el camino de nieve y escarcha)… por un instante pierdo la estabilidad del coche, pero consigo recuperarla con un acelerón. Y me pego a rueda del jeep hasta que vuelvo a respirar tranquilo (he parado en una granja a celebrarlo compartiendo un cigarrillo con unos tipos trajeados -con corbata y todo-, como si viniesen de una convención de mercadotecnia, que no sé muy bien qué carajo hacían ahí).

En fin, que ahora estoy en una mansión al lado del mar, haciendo balance de estos días. No sufráis por mí… Os quiero un montón (en la peor parte del trayecto me ha dado por pensar en positivo, siempre ayuda con los malos tragos). Arnastrapi puede esperar o, pensándolo bien, mejor me compro una postal.

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Viajar despacio

2010 Marzo 18th
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Me gusta viajar despacio, paulatinamente ir explorando territorios. En eso, soy como los gatos (la continua observación de Frida me ha ayudado a entender -incluso admirar- su comportamiento).  Paso las primeras 24 horas de este viaje recorriendo una única calle, de arriba abajo. Me la conozco al dedillo: sus dos librerías, su edificio de correos, sus dos pubs (uno británico, el otro local), su supermercado, su galería de arte (una calle da para mucho, toda una vida si la quieres conocer a fondo). Camino por ella en breves cachos de tiempo, tratando de incorporarme a su ritmo, confundirme en él. Luego (como haría Frida) regreso a mi habitación, mi fortaleza, a descansar unos tres cuartos de hora. Después, más animado, la volveré a recorrer, buscando alguna novedad en sus adoquines o en el imperceptible respirar de los maniquís de sus escaparates. Así, hasta 7 ú 8 veces.

En general, los continuos reclamos publicitarios al viajero (!conozca las ballenas!, !siéntase como un vikingo! !coma cabeza de oveja!, !visite el glaciar más grande visto desde el cielo!) los veo más bien como una extorsión turística. Me recuerdan a los manuales de Aprenda inglés en tres meses o Entienda a Hegel en 90 minutos. Prefiero viajar sin planos ni planes. Ya irán surgiendo, de hecho ya surgieron: hoy participé en una sesión de meditación zen (la comunidad budista islandesa es de unos 70 miembros); ayer celebré a lo grande San Patricio -el patrón irlandés- con una banda de Valladolid, anteayer compartí vida con un traductor gallego-islandés e inventor de un idioma artificial que vino a Islandia para aprender italiano). Pero estos serían los momentos álgidos, los que os contaré, si se tercia, con un bocadillo de lomo con pimientos entre las manos; pero lo cierto es que la mayor parte del viaje invierto mi tiempo en perderlo, y encuentro un secreto goce al hacerlo: observo a unos adolescentes practicando skate, veo un partido en diferido de criket, leo de manera desordenada algunos panfletos o, simplemente, miro al techo… me gusta viajar despacio.

De nuevo, estoy en la habitación. Hoy me siento con fuerzas para explorar nuevos territorios (quizás incursione por la calle de abajo, donde el lago). Antes de salir preguntaré en recepción si las puertas del hotel permanecerán abiertas toda la noche. Lo mismo que, si estuviera aquí, hubiese exigido Frida. A su manera, claro.

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Bostezo en Reykiavik

2010 Marzo 16th
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Je, je, como ya imaginaréis paulatinamente hemos ido copando el mercado valenciano y peninsular (estamos tocando techo :-). Ahora, Bostezo en !Reykiavik! Este miércoles 17 de marzo a las 13.30 una delegación bostezo presentará la revista en el Departamento de Espaæol de la Universidad de Islandia. Ojalá alguien pueda acompaæarnos (menudo cachondeo!). Regalamos una suscripción vitalicia a quien se presente y grite: !Qué hijos de puta!

PD: las æ son eæes

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Madrugar a las 11

2010 Marzo 9th
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Hay días que despierto pensando que soy otro (lo habéis probado?). Me aligero de preocupaciones y responsabilidades y, durante media hora, ensayo una bonhemia en los mismos lugares donde tengo que dar el callo con gesto agrio y formas hoscas. Luego se me pasa, sé que es una forma de abstraerme de mi entorno.

Me lo dijo Daría, la becaria más inteligente que conozco: “Jo, tío, elegimos el peor momento en el peor lugar”, lo siento pero -aunque quede altanero- sólo el convencimiento de poseer una superidad moral -individual y colectiva- entre tanta imbecilidad me permite seguir adelante con esto. De otra manera no podría explicar tanto derroche energético sin mercantilizar con una sola obsesión: que todo lo que nos acontezca contenga una dosis placentera que hoy, recién levantado, me hará rozar el universo entre tanto zombie preocupado por asuntos mundanos.

Ahora me vestiré, mis calzoncillitos (van tres días con los mismos, les estoy cogiendo cariño), mis pantaloncitos manchados de algo que pareciera semen. Luego, alguna ventanilla de la administración pública me devolverá a la realidad más grisacea. Volveré a ser uno de ellos. Pero, ya no hay marcha atrás, seguiremos buscando vías de escape (el domingo me piro al Ártico, ya os contaré).

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Mundo mediocre

2010 Marzo 8th
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Acabo de recibir un impacto: el director del MuVIM Román de la Calle ha dimitido por la descarada y chulesca censura que la Diputación de Valencia (de la que depende el museo) ha impuesto sobre una exposición de la Unió de Periodistes Valencians que hacia referencia al caso Gurtell.

Siento una especie de rabía y alegria. Me alegra que todavía haya gente decente como Román que no se aferran como gato panza arriba a un cargo de tal magnitud (fue acusado en una nota de prensa de la Diputación de haber sido uno de los instigadores de la censura, una mentira que Román ha decidido no aceptar, por lo que ha dimitido de manera irrevocable).

¡Qué vergüenza!, ¿no? Ya sabemos cómo son esos tipos pero lo más preocupante es que cada clase política es reflejo de la sociedad de la que se nutren. ¡Cuánta mediocridad!

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Y este viernes, en Madrid

2010 Marzo 2nd
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ENTRE EL ESTUPOR Y EL DESENFADO

La revista Bostezo se presenta en Madrid

Con la actuación estelar de Héctor Arnau en “Nuevo Amanecer del activismo folklórico”

 

La revista Bostezo presenta su tercer número el viernes 5 de marzo a las 19.30 en la librería Traficantes de Sueños (c/Embajadores 35, local 6). El acto se completará con la actuación de Héctor Arnau, que presentará su obra poético-teatral “Nuevo Amanecer del activismo folklórico”. La presentación de la revista en Madrid servirá para celebrar el hecho de haber llegado tan lejos en esta aventura editorial, que algunos tildan de suicida, otros de ingenua y otros de imposible: una revista en formato papel, consagrada al arte y pensamiento, sin adscripción ideológica predeterminada, concebida entre el estupor y el desenfado, y sin el soporte institucional que se le presupone a publicaciones de estas características.

El tercer número de la revista cuenta, en su versión impresa, con la colaboración de autores como Santiago Alba Rico, Dildo de Congost y Fernando Márquez; entrevistas a Santiago López Petit, Albert Pla y Diana Junyent; artículos de Kiko Amat, Ignacio Echevarría, Martín Correa-Urquiza (coordinador de Radio Nikosia), Rafael Huertas y Ricardo Campos (investigadores del CSIC) y la participación gráfica de artistas como Fernando Vicente (ilustrador), Gloria Vilches (collages), José Hernández (ilustrador), Eva Máñez (fotografía) o Artefagia (producción gráfica). Además cuentan con un suplemento en Internet (www.revistabostezo.com) donde se pueden consultar más textos y toda la información relativa a la revista.

En definitiva, una buena ocasión para conocer el entorno en el que se cuece Bostezo. Nos acompañarán sus instigadores, llegados en caravana desde Valencia. Entrada gratuita. ¡No te la pierdas!

 

En Madrid la revista se puede conseguir en las librerías como Traficantes de Sueños, Malatesta o Arrebato. Más información: Distribuidora Traficantes de Sueños (915 320 928)

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entre el estupor y el desenfado