Walter Buscarini

La vida como mudanza

2010 Junio 18th
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Estimados Cerillín, Picci y amigos que me aguantáis en silencio y soportáis el mío (si es que todavía lo hacéis), qué onda! Perdonar por no escribiros antes (este blog se está tornando carta postal)

oye, pues eso, que llevo varios días perdido por carreteras secundarias. Estoy inmerso en un viaje-mudanza con la ruta Madrid (capital)-Gatova (montaña)-Valencia (ciudad)-Denia (playa)-Torrevieja (enclave ruso)-Orihuela (descampado con vistas)-Denia-Godella (periferia),… ¿y luego?

Salí hace siete días de Madrid con la misión de trasladar unos bultos hasta Torrevieja, con desvío hacia Gatova (tenía un compromiso insoslayable: el cumple de una buena amiga). Me acompañaba el señor Daniel Martín, el cliente que había contratado  los servicios de Bostezo para la mudanza Madrid-Torrevieja, y que quiso subirse en la furgona para conocer de primera mano lo que implica una Mudanza Tour. En Gátova nos quedamos dos días en el chalet amablemente cedido por la cumpleañera. Luego bajamos dos jornadas a Valencia para unos trámites burocráticos tan grisáceos como el gesto de la señorita que trataba de resolvérmelos; a mi paso por Valencia, en el anonimato de una gasolinera poco dada al lirismo y la cara amable de una madre que añadía algo de esperanza al estupor subyaciente en esta zona donde la ciudad del Turia (río sin agua) se desdibuja por completo, ya no sabes si estás en un parque temático del horror urbanístico o en un asentamiento humano (y encima llovía), recogí un paquetito de forma ovalada para llevárselo a una amiga que vive en Denia; ya en Denia (donde estuvimos otros dos días en un acogedor apartamento), mi amiga y las suyas me pidieron que, ya que iba para Torrevieja, si podía comprarles leña (la quieren usar para la fogata del día de San Juan) y traerla de vuelta a Denia camino a Valencia. Casualmente, ya en Torrevieja (donde pernocté la última noche, en casa de los padres del cliente), una vez vaciada la furgona de trastos que traía desde Madrid, resulta que una restauradora que trabaja en Orihuela quería traerse a Valencia unas virgencitas del siglo XVII que está restaurando. Así que los cargué junto a la leña que tenía que transportar hasta Denia, con sumo cuidado: procurando que las aristas de los troncos no dañaran las virgencitas.

En el camino: emperador en Gátova (pueblo sin prensa), almuerzo en Olocau (donde unas señoras nos confundieron por vendedores ambulantes del Corte Inglés), paella en Sueca, farmacia en Oliva para comprar Ibopruceno que destrozará mi estómago, paradita en un bar de carretera para ver la segunda parte del excitante Nigeria-Grecia, merienda en casa de amables octogenarios (por lo general, ex guardias civiles extremeños en el País Vasco y sus futuras viudas viviendo un merecido y endolorido descanso en la abigarrada costa alicantina)… bares de empresarias chinas; gambas rojas (el plato típico de Denia se pesca en Argelia); seleccionadores nacionales ensayando corners contra Honduras (”lo mejor es que Capdevila se quede fuera del área”) con sus traseros aposentados sobre mediterráneos taburetes de tabernas andaluzas; poetas colombianos que, después de pedirte tu último cigarro, encima te venden a precio de best-seller sus descatalogados épicos poemarios publicados por desaparecidas editoriales onubenses; mujeres aburridas de sus inacabables relaciones conyúgales desatascando por una noche sus oxidados dotes de seducción,… y, para más inri (ay! las virgencitas) el mundo virtual que entra como una ventolera por el interné: en plena mudanza, una amiga con cara de mapa de país eslavo me pide que le envíe urgentemente (y en inglés) unas improvisadas sentences sobre la muerte para incluirlas en su tesis sobre la cuestión que debe presentar en la facultad de Bellas Artes de Vilnus. Las incluyo aquí como testimonio (no me tengan en cuenta la ausencia de puntos en las íes: están escritas en un ordenador con sotware turco en un cyber-café que encontré en el barrio pesquero de Denia, propiedad de un otomano moderno que, mientras trataba de acabar con un mosquito, me juraba con vehemencia (sin que yo le preguntara) que jamás había matado a nadie; le dije que le creía, por si acaso):

{Ahora que las releo parecen extraídas de una carpeta adolescente de un estudiante gótico con instintos suicidas de Bristol o Seefeld (¿existe Seefeld o me lo estoy inventando?)]

- The death ıs lıke revolutıon: freedom and equalıty
- Dont worry about lıfe, you wont can escape alıve of that
- The lıfe ıs a parenthesıs between two deaths
- The lıfe ıs a hoolıdays of death (or the death ıs a hoolıdays of lıve?)
- Everybody ıs dıe, lıfe ıs a short tıme after death meanwhıle we are waıtıng for the next one
- They are few  people as us and they are death
- Cowards dıe before tıme… brave ones dıed before yesterday 

Me quedó pendiente acercarme a Murcia a recoger un sofá que una amiga me había pedido que, si pasaba por allí, le comprara en el IKEA, y de allí me hubiera ido a Almería a recoger cualquier cosa para llevarla a Málaga o cercanías. De momento, regresaré a casa (me duelen los dientes). Pero os lo digo en serio: estoy pensando en convertir mi vida en una eterna mudanza. ¿Alguien tiene que ir a Bilbao a comprar chistorra o a Grozni a recoger unos kalavnikovs?

Clasificado como bostezo
entre el estupor y el desenfado

© 2008-2010 (Revista Bostezo) - Actualizado: 07/07/2012