Born to be crash!
Llevo una vida extraña, a salto de mata (no, no piensen en eso, no va por ahí). Lo pensaba mientras -agotado y sin ganas- preparo otra mochila para un nuevo desplazamiento. A veces quisiera detenerme fijamente (cuatro o cinco años) en la minuciosa observación de la textura de unas alas de mariposa. Llevo unas semanas buscando una obsesión, algo en lo que centrarme para el resto de mi vida. Hice una lista: me salieron 37 temas en los que, si las cosas fueran de otra manera, si yo también lo fuera, pudiera centrar toda mi atención.
Soy coleccionista de separadores de libros, he iniciado el aprendizaje de ocho idiomas (incluidos nahualt y esperanto), le doy más al pause que el play en los videos, abandono relaciones en el momento del clímax (por miedo a estar presente cuando se marchiten), rehuyo del conocimiento prolongado para quedarme con la intensidad de mil instantes, a ser posible, todos distintos. Y sin embargo me fascina la gente que se obsesiona con algo (hacer la maqueta de trenes más grande, la invención de nuevas lenguas, el estudio de las cucarachas o sectas satánicas). Me obsesiona la gente obsesionada (quizás por esa imposibilidad de serlo). Paso el rato en un estado de free-lance continuado, coqueto eufemismo de vida malpagada, dependiente, zozobrante e inestable. A veces me levanto con ganas de acostarme y otras no sé si todavía no he dormido o es que, por una vez, he madrugado. Como Crusoe en la ciudad bajo a comprar el pan y doy los buenos días antes de volver a bajar las persianas.
Busco una identidad en medio del meollo, reinvento mi curriculum dependiendo si es para postular a librero en Denia, educador en Colombia, investigador del Centro de Historia Militar de Cuacos de Yuste en Extremadura o especialista en Fracasos.
Estoy aquí para dar batalla, pero a veces me derrumbo (al menos ahora ya sé que las crisis, si se manejan bien, son condición indispensable para seguir avanzando).
Voy a buscar un traje que se adapte a mi cuerpo (lo contrario es frustrarse). Ya me lo dijo Jesús: Walter, born to be crash! Cualquier otra dirección que quisiera tomar sería una engañifa del subconsciente.
