Walter Buscarini

Muchas de cal, algunas de arena

2010 Octubre 27th
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Semanas agitadas, sin apenas tiempo para reflexionar (mucho menos para escribir). Recién aterrizado de nuevo. No quiero convertir esto en una bitácora de aventuras, pero la revista es como un bebé con insuficiencia respiratoria, requiere de mucha atención y cuidados. Si los médicos (libreros, distribuidores, lectores) de la zona no dan soluciones, habrá que buscarlas por otros lados. Bostezo crece en orden decreciente, a su ritmo, sin atosigarle (por mucho que no lo entiendan distribuidores y potenciales suscriptores)

Santa Coloma de Farners (Marta, Jordi y familia, llamada a Dani a Colombia por la webcam); Besalú (Liberisliber, feria del libro independiente, ¡qué gran encuentro!); Barcelona (una noche en la casa de Araceli en la Gran Vía), Godella (tiempo para acabar mi curro alimenticio, programa de radio con la compañía teatral La Perrera, recoger los papeles de la Asociación Cultural Bostezo, enviar revistas a tres nuevos suscriptores), Madrid (delirante tertulia sobre el mal con El Zurdo, Dildo de Congost y el monje zen Takla Makan), Vallecas (judías con pisto en casa del David), Humanes (en casa de Fredi y Paloma), taciturna borrachera en el rastro madrileño (con Inés, la vendedora bostezo del mes en el Laie de Caixa Forum-Madrid), película El enterrado en un faraonico centro comercial de Leganés (hacía meses que no iba al cine), visita a las librerías Pantha Rei y Arrebato y, de vuelta, paradita en Estremera, a orillas del Tajo. Luego en Godella un día para homenajear a Miguel Hernández en el programa de radio, llamada a una librería de provincias, comer atún con atún con Kike, saludar a María y que me pusieran un toldo en casa. Y para Barcelona de nuevo: jornadas Kosmopolis en el CCCB (compartiendo penas y esperanzas con otros petits editors), encuentro con Alejandro Cao de Benós (el catalán que forma parte del gobierno de Corea del Norte), trobada con Gloria Vilchés, casa de los hospitalarios Ernesto y Marta, porros noctámbulos con Héctor, clandestina entrevista con un cura que practica exorcismos en la capilla de un convento dominico, reencuentro con Laura -después de dos años- en su casa del Poble Sec (patatas salvajes para cenar), visita a librerías de la ciudad (muchas de cal, algunas de arena). Y para acabar, fortuito encuentro con Betty -seis años sin vernos- en la estación de Barcelona Sants (ella trabaja para RENFE, yo volvía para casa)

¿Qué os podría contar? Qué me lo sigo pasando pipa. Y eso, al final, es lo único que cuenta (ahora desentierro albaranes entre calzoncillos y pañuelos utilizados como marcapáginas). Esta mañana tiré tres papeles a la basura: un ticket del metro de Barcelona, otro de Madrid y un flyer de un curso de acupuntura coreana en la calle Balmés de vaya usted a saber dónde.

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A veces, a ratos

2010 Octubre 7th
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Hay días que me siento como un viajero anclado. Un nómada que finge situaciones de estabilidad (después de nueve meses viviendo aquí, sólo hace una semana que encargué un sofá). Son días que paseo taciturno e intento simular mirada de extranjero, como si nada de lo que me rodea me perteneciera realmente.

Solo son días (a ratos dentro de esos días) en los que, como hoy, desatiendo llamadas y correos, me olvido de mis obligaciones diarias, sustituidas por la esmerada planificación de planes de huída (navego por páginas de internet que prometen vuelos baratos, sin derecho a mochila). Ensayo que me levanto y soy otro.

Otros días, no sufro tanto. Pero a veces, a ratos… desearía que mi rumbo tomase otros derroteros.

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Valdano y de la Cuadra

2010 Octubre 6th
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El otro día hablaba con un amigo intermitente -de esos que no echas de menos pero nunca están de más- sobre los finales del siglo XX. Lo hacíamos con cierto rictus de nostalgia, fue una época brillante, de esplendor etílico y hormonal. Nos ayudamos a hilvanar historias (inventadas de tan ciertas, ciertas de tantas veces contadas); entre sus cachos de memoria y los míos enlazamos un trazado de lo que supusieron aquellos años, donde las bandas eran más buenas, los ciegos duraban más y los polvos eran mejores (por esa ingenua pulsión juvenil del deseo de aspirar al sexo perfecto, luego vas limando asperezas con la evidencia de que el sexo contiene poses ridículas, susurros absurdos y olores mortíferos)

Cualquier tiempo pasado fue mejor, porque nosotros también lo fuimos. No sé quién dijo esa frase, así que se la voy a atribuir a Fraga.

Luego, ya en casa, en la de mis padres (a veces vuelvo un rato), en la tele aparecieron seres que, como mi amigo intermitente, siempre han estado ahí, sin hacerles mucho caso pero con una presencia notoria a la vez que invisible, famosos de segunda fila: Jorge Valdano y Miguel de la Cuadra Salcedo. Aquél metiendo goles entonces y ahora con un cargo directivo merengue (si no fuera porque habla como un argentino parecería tonto); el de la Cuadra perdiéndose en el Amazonas con vírgenes adolescentes (entonces) y ahora haciendo anuncios de no recuerdo qué producto. Me han acompañado en toda mi trayectoria, han estado ahí, marcando el proceso de derrumbe que es la vida. Cada sueños arrastra su propia miserias.

Y hay que poner buena cara. Y estar agradecido. Porque cuanto más te hundes, más lo entiendes. Y si eres capaz de rebelarte contra el pesimismo (de sublevarte contra sus ostensibles evidencias), eso es lo que te permite estar. Simplemente estar.

Jorge, Miguel, no os muráis nunca. Os necesito ahí, invisibles, ignorados. Nunca os escucho cuando sálís por la tele, pero marcáis mi paseo por el tiempo (lo único que queda).

Clasificado como bostezo
entre el estupor y el desenfado

© 2008-2010 (Revista Bostezo) - Actualizado: 07/07/2012